
Hubo un tiempo en que no había cámaras, cercos eléctricos ni alarmas: la seguridad era una barda con pedazos de botellas de cerveza y refresco incrustados en el cemento fresco, el albañil acomodaba los vidrios con el filo hacia arriba y al secar quedaba una barrera imposible de brincar, no era lujo, era ingenio puro y barato, la veías en casas humildes, talleres y tienditas de barrio.

Hoy quedan pocas, escondidas entre rejas modernas y cámaras, pero aún sobreviven en colonias viejas y pueblos, brillando con el sol, no solo protegían una casa, contaban la historia de familias que levantaban su patrimonio poco a poco y aprovechaban hasta la última botella vacía. ¡Puro ingenio mexicano!.


Leave a Reply